Ruzzo habla como rapea. Es decir, en una verba encendida que se apodera de la conversación y que obliga al entrevistador - que presume de conocer el habla habanera- a exprimir la imaginación para saber qué demonios hablan estos músicos al otro lado de línea telefónica.

"¿Qué bolá, exilión?'' No no, yo soy de la otra isla, asere. "Consorte, pero usted habla y se pone en talla. Con razón dicen que los boricuas y los cubanos son las misma''... (Por tu madre, que no mencione lo del pájaro y las dos alas...) "Vaya, es como decir que tienen el mismo chequendeque". Más o menos.

Como casi todos los músicos cubanos que salen de la isla sin hacer escala en la capital del exilio, los Orishas (deidades, en la religión afrocubana) arden en deseos de conocer este lado del mundo. Pero, vaya, les cuesta trabajo reprimir el entusiasmo; lo que explica que enreden la cosa al no conseguir separar la realidad de las fábulas.

"Hay una pila de emisoras de rap...'' Ni tantas, mi pana. "Y la fula corre por la libre...'' Bueno, pero hay que buscarla, tú. "Y te caen arriba si mencionas al que ya tú sabes...'' Bueno, tampoco así, pero mejor entremos en materia.

Alojados en Europa por razones varias desde mediados de los 90, en el principio los cuatro integrantes se reunieron con la idea de editar un compilatorio a partir de la abundante oferta de rap que circula en La Habana, y que desde 1993 confluye en un oficioso Festival del Rap de La Habana, celebrado en el anfiteatro del barrio obrero de Alamar.

"Al final la cosa no se dio porque teníamos tantas canciones escritas que el productor Niko Noki, un dj francés que le entra bien a la cosa cubana y que sampleó todo el disco, nos dijo grabáramos como conjunto. De ahí salió A lo cubano''.

Ruzzo sostienen que fueron pioneros del movimiento rapero en La Habana.

"Comenzamos con un grupo que se llamó Amenaza. Era una maravilla, consorte, que le cantaba a la realidad cubana de hoy, ¿me entiendes? Cosas como: "Yo soy muñero, no ando en guapería. Yo no soy jinetero". Que nos metió en problemas porque allá la cosa, tú sabes, es que la juventud no puede hablar mucho. Cuando nos fuimos a Francia, empezamos bien, hasta que perdimos al líder en misión internacionalista con una noruega y se j... la cosa. Pero enseguida conectamos con el Flaco pro y el Liván''.

Y también con mejores materiales para ponerse al día con el rap, aunque siempre estuvieron bien informados.

"Conocemos el rap americano, y también el europeo, que no tiene nada que envidiarle al primero. Pero el rap cubano es otra cosa, porque la realidad cubana no tiene nada que ver con los guetos de Nueva York, a ver si me entiendes. En Cuba nadie se faja a tiros y no circula la droga como allá. Hay otra realidad''.

¿Otra realidad?

"Cuando sales de Cuba pierdes el contacto. Tienes que estar allá para entenderla y sentirla. Además, nosotros preferimos la función que tenía el rap en sus principios: comunicación y expresión para comunidades oprimidas. Cantamos con cierta crítica, pero también tratamos de dar un mensaje positivo a la sociedad. La temática nuestra celebra lo que somos los cubanos ahora mismo, aunque para grabar otro disco como este tendríamos que vivir allá y recoger el habla habanera, que cambia más rápido que un pestañeo''.

Musicalmente, la oferta de Orishas es variada e incluyente: conectamos el beat lo conectamos con las expresiones cubanas. O sea, con el chachachá, el guaguancó, el son, la rumba, los cantos santeros. Hacemos rap hasta con la décima campesina, porque los repentistas son como raperos si le metes maña al asunto''.

Eso explica el poder rítmico del disco, que mueve a bailar hasta al más tieso.

"El cubano puede perderlo todo, pero el espíritu de relajo no hay quien se lo quite, a ver si me entiendes, consorte''.

Por Eliseo Cardona